Tu coche puede gastar más gasolina este otoño: esta es la sorprendente razón
Las temperaturas más bajas, los tiempos de calentamiento más largos y el aire más denso pueden hacer que tu coche consuma más combustible en otoño.
Muchos conductores notan que su coche parece consumir combustible más rápidamente en otoño que durante el verano. Hay varios factores físicos detrás de este fenómeno, y todos comienzan a actuar al mismo tiempo cuando bajan las temperaturas. Estas son las razones por las que el consumo de combustible puede aumentar durante los meses de otoño.
Qué cambia cuando bajan las temperaturas
El frío modifica las condiciones de funcionamiento del vehículo y puede obligar al sistema de propulsión a trabajar más.

Uno de los principales factores es el tiempo que necesita el motor para alcanzar su temperatura normal de funcionamiento. Mientras se calienta, la gestión electrónica del motor suele suministrar una mezcla de combustible más rica a los cilindros, mientras que el aceite del motor, todavía frío, se vuelve más viscoso y genera una mayor fricción interna.
En verano, este periodo de calentamiento puede durar solo unos minutos. En otoño, sin embargo, puede representar una parte mucho mayor de un trayecto corto. Por eso los expertos recomiendan combinar varios desplazamientos cortos en un solo viaje. Una vez que el motor alcanza por completo su temperatura de funcionamiento, normalmente trabaja con mayor eficiencia y consume menos gasolina.
Otro factor es el propio aire. El aire frío es considerablemente más denso que el aire caliente.
A velocidades elevadas, el aire más denso aumenta la resistencia aerodinámica. Por lo tanto, el motor tiene que generar más potencia para desplazar el vehículo a través del aire, lo que puede provocar un mayor consumo de combustible.
Por qué baja la presión de los neumáticos en otoño
El consumo también puede aumentar porque la presión de los neumáticos disminuye de forma natural cuando bajan las temperaturas exteriores.

El aire del interior de los neumáticos se contrae cuando hace más frío. Los neumáticos con una presión insuficiente generan una mayor resistencia a la rodadura, lo que obliga al motor a trabajar más para acelerar y mantener la velocidad. Esa resistencia adicional puede traducirse directamente en un mayor consumo de combustible.
Para mantener el consumo bajo control, los conductores deberían comprobar regularmente la presión de los neumáticos con un manómetro y ajustarla según las especificaciones recomendadas por el fabricante del vehículo.
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